
30 de octubre de 2009
Se posterga la Presentación del Libro de Claudio Díaz

28 de octubre de 2009
Presentación libro Diario de Guerra (Clarín, el gran engaño argentino)

Superada la etapa en la que los poderes económicos mundiales avasallaban a los países a través de la vía militar, el sistema de dominación tiene hoy en los diarios y la televisión, en la radio y los canales de noticias, a sus nuevas fuerzas de ocupación.
El Grupo Clarín es uno de los brazos ejecutores de este nuevo método de control, la llamada Mediocracia, que hace de la manipulación informativa y la difamación de sectores políticos, sindicales y sociales -particularmente el peronismo y el movimiento obrero- su práctica cotidiana.
Este libro describe las relaciones políticas y comerciales del llamado “gran diario argentino” con representantes del poder mundial como Henry Kissinger y George Soros, que le permitieron constituirse en el grupo económico de medios más poderoso de Iberoamérica. Revela, por otra parte, su participación como promotor del proceso de sojización de
Asimismo, este trabajo de investigación incursiona en el análisis y la réplica del pensamiento político, básicamente colonial, que emana desde los diarios
En la historia de la prensa argentina se hace difícil encontrar un período como éste, en el que se presenta como modelo de honestidad e inmaculadez a un sector tan corrompido, que en nombre del libre pensamiento y la independencia informativa, ha bastardeado de manera escandalosa el ejercicio periodístico.
Claudio Díaz, el autor de este Diario de guerra, renunció a trabajar en el multimedios Clarín tras haber sido censurado por manifestar su pensamiento político y su identificación con el peronismo, clara evidencia de que los grandes monopolios de la comunicación no ejercen ni permiten hacer uso de esa tan mentada libertad de expresión que dicen defender.
(Texto de contratapa)
20 de octubre de 2009
13 de octubre de 2009
Nació la nueva Ley SCA y nosotros estuvimos allí
A diferencia de lo que intentaron hacernos creer los medios que intenta regular esta Ley, la Plaza y las calles cercanas al Congreso eran una fiesta. No había una multitud amorfa y descontrolada, sino espacios copados por individuos con sus banderas y consignas confeccionadas en casa, pequeñas radios dispuestas en las esquinas para recoger las palabra de todos (ahí se oyeron voces indígenas, de estudiantes, de locutores de radio, de periodistas... Voces independientes por lo que tenían de libres); había también peatones que recibían de buen grado los volantes con las precisiones sobre la Ley que los grandes medios o deformaron o se negaron a dar, y músicos, y murgas, y militantes con sus bebés en brazos (era increíble el número de bebés que presenciaron el nacimiento de lo que, a la larga, será una revolución sin sangre: la de la palabra de todos). Nuestro estandarte era uno de los más conchetos de la concentración, debemos reconocerlo, pero llamó la atención por que señalaba nuestro origen, y la que parece ser la esencia de nuestra personalidad como localidad: "Venado Tuerto... Qué difícil debe ser allá, ¿eh?"
Irónicamente, quienes estábamos en la Plaza sabíamos menos sobre el debate de la Ley en el Congreso que aquellos que siguieron la jornada por televisión, Internet o radio. Sólo había una pantalla sintonizada en las cámaras del Congreso (en la carpa evangélica, blanca y en todo momento a reventar), de modo que la guardia (que hicimos desde primera hora de la tarde hasta pasadas las tres de la madrugada) fue tensa pero esperanzada.
Se levantó un escenario donde músicos y colectivos dieron su apoyo a la Ley. El momento más emocionante fue la participación de Ignacio Copani y su recuerdo a Mercedes Sosa ("A quien nunca le tocaron una canción en sus radios los que hoy desbordan de homenajes"). Era tal la aglomeración de banderas que, en varias ocasiones, los organizadores pidieron de bajarlas para que las cámaras ahí dispuestas pudieran registrar las actuaciones y discursos. Sin embargo, como un eco de la Ley, los ahí presentes parecían saber que no toda la vida puede contenerse en las lentes y en los micrófonos, y las banderas (algunas con la imagen del Che, otras con las de Evita) siguieron en alto.
Sería hasta pasadas las 2 de la madrugada cuando las pantallas dispuestas a ambos lados del escenario mostraron lo que pasaba en el recinto. Sin audio, vimos el poder gestual de Rodríguez Saá y el hartazgo de Cobos; pudimos escuchar las propuestas de enmienda de Sanz (sin que mencionara una, que introducía de nuevo a las telefónicas en la Ley) y la respuesta de Pichetto, una defensa de la Ley que (lo creemos) será estudiada en el futuro no sólo como un resumen del espíritu de la Ley que defendía, sino como el discurso de la razón ante los excesos de los medios, la palabra de la mesura y la democracia contra la de quienes intentan recrear una realidad a su medida y conveniencia.
Después, vino la votación, y en la Plaza revivimos con el aliento contenido los momentos previos a la votación de hace un año, la de la 125. Fue un temor vano: 44 contra 24. El clamor de la multitud, la furia reconvertida en alegría, la lucha de los justos devenida en la ternura de los desconocidos que se abrazan, de los militantes que lloran no por la victoria, sino por haber consolidado el bien de todos.
Creemos que es muy pronto para conocer los alcances de este cambio, y las estratagemas de sus enemigos. La lucha sigue (con su alegría, con su paso lento pero seguro), y esta victoria sólo nos convence de la necesidad de seguir hasta que los medios reflejen en la misma medida lo que les conviene y lo que no, y cada ciudadano tome de ellos las herramientas para formar su propia opinión, y valorar su realidad.
Debemos reconocer, sin embargo, que a pesar de los fracasos del Rabino Bergman por crear un contrafuerte a las expresiones de adhesión a la Ley, pudimos ver a la Oposición en la Plaza. Fue a materializarse como una mujer muy alegre, en trajecito morado, que sostenía una pequeña pancarta de cartón que decía: EN CONTRA DE LA LEY K. En todo momento nos sonrió, y saludó a todos cuando, tras un par de horas de aguante al bloque opositor de la Ley, decidió marcharse. Sólo recibió saludos y sonrisas a su paso, e incluso reconocimientos por su valentía.
Creemos que de haber hecho nosotros algo semejante en Palermo o en la Ruta 8, el día de la votación de la 125, no habríamos salido en pie de ninguno de esos sitios. Ese es el poder de los medios que combatimos.