20 de marzo de 2013

El debate saludable


Es notable como, hasta en los agnósticos declarados o en aquellos en los que las cuestiones religiosas hace rato habitan el territorio de la indiferencia, impactó el nombramiento de Jorge Bergoglio como máxima autoridad de la Iglesia Católica.

Una discepoliana mescolanza de sentimientos explotaron al unísono desde que adivinamos el nombre del argentino en el vetusto latín del primer anuncio.

Desde el fervor legítimo, respetable, de una feligresía que, como en el resto del mundo, va en retroceso numérico, hasta un sentimiento patriotero más relacionado con el fútbol que con inquietudes espirituales, todos opinamos sobre el ahora Papa Francisco.


No poco importante como elemento catalizador de tanto entusiasmo es, que duda cabe, ese deseo tan argentino de que nuestras virtudes, las reales y las presuntas, sean valoradas por el ojo infalible de los otros, del extranjero.

El mismo Francisco lo demuestra al hablar del "fin del mundo" como el lugar al que los cardenales han ido a buscar al primado católico. Si habitamos el fin del mundo es que existe un "principio del mundo", ese sitio presunto que está por encima de nosotros y que, por fin, se digna a llevar a uno de los nuestros a un puesto de consideración universal. Jorge Bergoglio tiene una enorme tarea a cumplir, pero, claro, también, como todos, tiene un pasado, y nosotros sus compatriotas nos dividimos a la hora de evaluarlo.

No es el propósito de estas líneas esa tarea, sino, simplemente, el de hacer notar que incluso en el seno del Gobierno Nacional y en los espacios relacionados de diversa manera con él, ese debate está planteado con saludable vigor.

En lo concerniente a Carta Abierta, la diversidad de origen ideológico y partidario que dió origen y sigue nutriendo a todas y cada una de sus expresiones en todo el país, se reafirma con la contundencia de los hechos en estos tiempos interesantes que nos toca vivir.Lejos de los planteos simplistas o decididamente mal intencionados que describen una ahora demostrada inexistente uniformidad acrítica de disciplina automática con los criterios del Gobierno conducido por la Presidente Cristina Fernández de Kirchner, la libertad de opinar que se resume en el concepto fundacional de CA (un espacio de apoyo crítico al Gobierno nacional) sigue tan vigente como en aquel 2008, cuando las patronales del "campo" paseaban impúdicamente su espíritu destituyente por las rutas nacionales.

El vigor de un objetivo, sea este un espacio de debate o un proyecto de nación, se alimenta de su capacidad de contener y escuchar a sus voces divergentes incluso hasta en el antagonismo absoluto entre posturas frente un hecho histórico.

En CA Venado Tuerto como en los espacios hermanos de todo el país se reafirma enfáticamente en cada una de sus reuniones el concepto que dio origen a su existencia, mientras se alienta el debate enriquecedor como sustrato del mejoramiento de la realidad de nuestro país, nuestra provincia y nuestra ciudad.

Abel Pistritto
Integrante del Espacio
Carta Abierta Venado Tuerto

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